“SOBRE NOMBRES”
de Silvia Schujer
Las cosas andaban muy mal.
Y Ángel vivía furioso pensando
que con ese apelativo sólo podía ser bueno, lo que para toda una vida era
mucho.
Y Domingo estaba harto de que en
todas partes, su nombre apareciera escrito en rojo.
Y Soledad opinaba que su falta de
amigos era culpa de llamarse así.
Y Bárbara, la pobre, era tan tímida que cuando
decía “soy Barbara”, ni su mamá le creía.
Y Maximiliano Federico estaba enamorado de
Enriqueta Jorgelina, pero tardaba tanto en hacer un corazón con los nombres que
abandonaba en el intento mucho antes de empezar.
Y Rosa ya no soportaba que la llamaran clavel.
Tanto peor para Jacinto Floreal, a quien los graciosos llamaban Nomeolvides. O
Jazmín.
Elsa ya se había acostumbrado a ser Elsa-po.
Pero Elena no quería que la llamen Elena-no.
Las cosas andaban muy mal. Nadie en el barrio
estaba conforme con el nombre que le había tocado en suerte y, quien más quien
menos, la mayoría se lo quería cambiar por otro.
El Intendente abrió un gran libro de quejas
para que los vecinos explicaran su problema por escrito.
Se supo así del sufrimiento de Tomás, a quien
todos preguntaban “¿Qué Tomás?”. Se aclararon las rabietas de Remedios, a quien
todos conocían por Dolores. Hubo noticias de las penurias de una tía Angustias.
En fin….
Irineo Hermenegildo Pérez, poeta, hombre de
luces, pensó en el problema como cuarenta y ocho minutos seguidos hasta que de
pronto tuvo una idea.
Reunió cientos de vecinos disconformes en la
plaza y les propuso entrevistarse públicamente con cada uno.
-A ver, Ana- empezó diciéndole a la chica-.
¿Qué nombre querrías tener?
-Zulema – le dijo ella.
-¿Zulema? ¿Cara de flan con crema?
-Bueno... Mejor sería María.
-¿María? ¿La de la barriga fría?
-¡Espere!... Prefiero llamarme Romina.
-¡Romina ¡¡¡Cachetes de mandarina!!!
-¡Basta!- dijo la nena y volvió a mezclarse
con los demás.
Porque la gente que se había
reunido en la plaza, primero empezó a reírse con disimulo, pero al rato las
carcajadas se escuchaban hasta el Obelisco.
Eso sí. Con lo que habían presenciado,
decidieron quedarse con el nombre que tenían. Nunca les pareció más hermoso.
FIN ✿◕‿◕✿
(El monumento encantado. Buenos Aires, Sudamericana.
Pan Flauta)

1 comentario:
Me encanta te cuento!
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